lunes, 8 de junio de 2009

MANU


“Ser mujer y callar, son cosas incompatibles”
Tirso de Molina.

“Se es más fuerte que una mujer cuando se es más mujer que ella”
Claude Larcher




-Está bien, Manu, me equivoqué. Pensé que podías echarlo al olvido con el tiempo…
-Si eso creíste, Alfredo, tu error ha sido muy grueso. Cualquier argumento que esgrimas, no servirá de ninguna manera para convencerme. Y no me detendrás en hacerte escuchar todos los detalles que tengo sobre “ese asuntito” que está perturbando nuestras relaciones y que además se agrava aún más, cuando quieres darme explicaciones que nunca te he pedido y que, cuando más quieres aclarar se enturbia mucho más y que…
-Pero, Manu, te he dicho que reconozco que estuve equivocado y que…solo fue una mirada que duró un segundo…
-“Un segundo, un segundo”. Para mí fue toda una eternidad, una eternidad, una eternidad… Nada de reconocer la equivocación después de todo lo ocurrido…al fin y al cabo yo he sido la parte más perjudicada de los dos, y te crees que así nomás, olvidaré todos los agravios…y me ofendes cuando dices “un segundo nada más”…
-Pero si nunca te he agraviado, Manu, mi amor…
-Nada de “mi amor”, nada de Manu. Ahora, no sé si ya es tarde para poder recomponer nuestros afectos. Lo nuestro, ha resultado una opereta de claudicaciones y ante lo inevitable…siento que tal vez... ya no me quieres…
-Pero, Manu, si aún te quiero… como siempre… como la primera vez…
-No quiero escuchar más tus historias con las cuales quieres convencerme de todo lo contrario que yo pienso y pensaré toda mi sacrificada vida que he tirado a la basura para solo atenderte y atenderte, y atenderte, y atenderte…
Alfredo enjuga las transparencias que asoman vertiginosas en los ojillos enrojecidos de su pareja y la atrae hacia sí, presintiendo el abandono cariñoso que terminará con la batahola.
Un profundo abrazo sella las paces. Y el beso ansiado por ambos afirma en definitiva las nuevas esperanzas y quizás… anticipa las disculpas y el olvido “transitorio”.
Alfredo desliza con suavidad en los amados oídos una promesa.
Jamás, en el futuro, ningún “asuntito” de tonalidad rubia perturbará lo de ambos. Y agrega por fin.
-“Si hay algo que me enloquece, es que cada vez que arrancas, cada vez, eres más mujer, mi Manuelito”…



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