lunes, 8 de junio de 2009

LUCY Y EL ANICETO


Lucy corre detrás de su mascota.
Por lo inusual de la especie, llama la atención de todos sus amiguitos.
Ella sigue detrás del Aniceto, tratando de sujetarle la colita, por toda la casa.
Desde el patio, su papá la ha llamado.
-Ya cumpliste los siete años y te he enseñado muchas cosas en la crianza de los bichos de la granja- le dice el padre Ahora sabés defenderte y actuar bien cuando es necesario. Desde que tu madre se fue para siempre, he tratado de protegerte y ayudarte. Ya estás en condiciones de cumplir con otras tareas.
Hoy vendrá el carnicero del pueblo a buscar lo prometido y te encargarás de atenderlo. Prepará los dos chanchitos y ponelos en una bolsa.
La orden, imprevista, sacude a Lucy. No comprende porqué su padre le pide sacrificar al Aniceto, que ella ha criado desde chiquito, desde que nació y que ha elegido como su mascota.
No hay reclamos que sean atendidos por el padre de Lucy, quién ya decidió la venta y se comprometió en la entrega. Y ella nunca desobedeció.
La niña va en busca de su faconcito de carnear, que tantas veces ha sido afilado por su papá, y que ha aprendido a utilizar como experta en gallinas y patos.
Los dos chanchitos, entre el griterío propio de la especie, ya se revuelcan en el piso.
La sangre que brota del Aniceto corre por el piso y en el abrazo final de Lucy, su propia vida se mezcla con los últimos chillidos de su mascota, uniendo sus destinos hacia el desagüe.

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