Sospecho que ellos se irán de viaje. Y yo quedaré solo, aquí.
Muchas veces tuve que sufrir las consecuencias de mi comportamiento durante la infancia.
Cosas de chicos, decían mis abuelos. Pero ella lo consideraba insoportable y yo, pagaba los platos rotos.
Y para mi padre,”su palabra”, era “santa palabra”.
Aunque dijese yo toda la verdad y nada más que la verdad, lo mío era inaceptable. Todo porque ya tenía ocho años y debía hacer lo que se me pedía, sin protestarle a mi madrastra.
Ella siempre esperaba a que regresara él, para comenzar a reclamarle por que yo no cumplía sus órdenes. Yo lo observaba desde las sombras del altillo cómo, cansado, bajaba la cabeza y oía con forzada paciencia su cacarear permanente.
Aún me persiguen los gritos que me atormentan.
Él ordenaba mi urgente presencia. Comenzaba a chillar por mi falta de respeto hacia ella y mis desobediencias. Y culminando el griterío me exigía ir hacia mi piecita, para que preparara una pequeña valija negra que tenía bajo la cama, con la cual me arrojaría en el primer internado que encontrara. Al principio lloraba con amarga desilusión mientras preparaba lo que llevaría.
Ponía mis cositas, tratando de no olvidar nada. Unos pares de media, algún calzoncillo, una toallita y otras cosas. Nunca olvidaba poner mi cepillo de dientes ni mi jabonera ni mi peine. También ponía una foto donde estábamos los tres juntos cuando éramos todos felices, en una fiesta en el colegio.
Perdí la cuenta de cuantas veces se repitió esta escena.
Sospecho que ellos se irán de viaje. Y yo quedaré solo, aquí.
Después, esperaba que viniera a buscarme, sin dejar de lloriquear al principio. Cuando llegaba la hora de la cena, entraba él a mi pieza.. Nunca ella. Y tenía que aguantarme el reclamo por todo lo que supuestamente había hecho mal en el día ó en la semana. Después de hacerme prometer que nunca más volvería yo, a tener mala conducta en la casa ni en ningún otro lado, terminaban sus retos y su amenaza de internarme. Yo corría hacia él y lo abrazaba para pedirle perdón y, lo único que recibía era un “vamos a la mesa”, jamás un abrazo. Nunca supe si era porque no quería mezclar en sus recuerdos lo vivido con mi madre o si se mostraba duro para no debilitar su imagen de padre inflexible.
...
Mañana cumplo diez años. Tengo todo preparado para festejarlo con todos mis compañeros del colegio. También vendrá mi maestra con sus felicitaciones por mi comportamiento. Presiento que seré un orgulloso hijo de mi padre.
Hace unos meses que tomo las amenazas de él con menos temor. Sé que nunca va a cumplirlas. De todas maneras siempre dejo preparada la valija negra con mis cositas , por las dudas, debajo de la cama.
Hoy me levanté muy temprano para terminar con los arreglos del patio donde festejaré mi cumple. Ya tengo todo preparado. Los abuelos me han ayudado bastante y se los agradeceré siempre.
Sospecho que ellos se irán de viaje. Y yo quedaré solo, aquí.
La fiesta fue todo un éxito. Vinieron todos los amiguitos y mis abuelos maternos se encargaron de todo.
Mis sospechas se confirmaron.
A la maestra y a todos los que preguntaban, les dije la verdad.
Ellos ya tenían organizado un viaje y a mí me daba lo mismo.
Solo quería que estuvieran los que invité. Eso me llenó de alegría.
Fue el mejor cumpleaños que tuve en mi vida.
Siempre sospeché que se irían de viaje. Y yo quedaría solo, aquí.
Cuando la fiesta terminó, limpiamos la casa y me preparé para pasar el fin de semana con mis abuelos. Saqué todo de la valija negra y puse los juegos que usaría y algunos de los regalos que me habían traído. También puse el libro de cuentos que me trajo la maestra.
Antes de irnos, fui hasta mi piecita y revisé debajo de la cama para saber que todo estaba en orden..
Después con gran cuidado guardé el frasco con lo que había quedado, en el estante de los venenos. Tendría tiempo todo el fin de semana para resolver lo del viaje definitivo.
Hace unos meses que tomo las amenazas de él con menos temor. Sé que nunca va a cumplirlas. De todas maneras siempre dejo preparada la valija negra con mis cositas , por las dudas, debajo de la cama.
Hoy me levanté muy temprano para terminar con los arreglos del patio donde festejaré mi cumple. Ya tengo todo preparado. Los abuelos me han ayudado bastante y se los agradeceré siempre.
Sospecho que ellos se irán de viaje. Y yo quedaré solo, aquí.
La fiesta fue todo un éxito. Vinieron todos los amiguitos y mis abuelos maternos se encargaron de todo.
Mis sospechas se confirmaron.
A la maestra y a todos los que preguntaban, les dije la verdad.
Ellos ya tenían organizado un viaje y a mí me daba lo mismo.
Solo quería que estuvieran los que invité. Eso me llenó de alegría.
Fue el mejor cumpleaños que tuve en mi vida.
Siempre sospeché que se irían de viaje. Y yo quedaría solo, aquí.
Cuando la fiesta terminó, limpiamos la casa y me preparé para pasar el fin de semana con mis abuelos. Saqué todo de la valija negra y puse los juegos que usaría y algunos de los regalos que me habían traído. También puse el libro de cuentos que me trajo la maestra.
Antes de irnos, fui hasta mi piecita y revisé debajo de la cama para saber que todo estaba en orden..
Después con gran cuidado guardé el frasco con lo que había quedado, en el estante de los venenos. Tendría tiempo todo el fin de semana para resolver lo del viaje definitivo.
...
Hoy cumpliré diez y ocho años y lo festejaré junto a mis abuelos. Los dos vendrán en el horario de las visitas con sus regalos de siempre.
Sospecho que ellos no irán de viaje a ningún lado.
Jamás volveré a sentirme solo.
Sospecho que ellos no irán de viaje a ningún lado.
Jamás volveré a sentirme solo.
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