MANU
“Ser mujer y callar, son cosas incompatibles”
Tirso de Molina.
“Se es más fuerte que una mujer cuando se es más mujer que ella”
Claude Larcher
-Está bien, Manu, me equivoqué. Pensé que podías echarlo al olvido con el tiempo…
-Si eso creíste, Alfredo, tu error ha sido muy grueso. Cualquier argumento que esgrimas, no servirá de ninguna manera para convencerme. Y no me detendrás en hacerte escuchar todos los detalles que tengo sobre “ese asuntito” que está perturbando nuestras relaciones y que además se agrava aún más, cuando quieres darme explicaciones que nunca te he pedido y que, cuando más quieres aclarar se enturbia mucho más y que…
-Pero, Manu, te he dicho que reconozco que estuve equivocado y que…solo fue una mirada que duró un segundo…
-“Un segundo, un segundo”. Para mí fue toda una eternidad, una eternidad, una eternidad… Nada de reconocer la equivocación después de todo lo ocurrido…al fin y al cabo yo he sido la parte más perjudicada de los dos, y te crees que así nomás, olvidaré todos los agravios…y me ofendes cuando dices “un segundo nada más”…
-Pero si nunca te he agraviado, Manu, mi amor…
-Nada de “mi amor”, nada de Manu. Ahora, no sé si ya es tarde para poder recomponer nuestros afectos. Lo nuestro, ha resultado una opereta de claudicaciones y ante lo inevitable…siento que tal vez... ya no me quieres…
-Pero, Manu, si aún te quiero… como siempre… como la primera vez…
-No quiero escuchar más tus historias con las cuales quieres convencerme de todo lo contrario que yo pienso y pensaré toda mi sacrificada vida que he tirado a la basura para solo atenderte y atenderte, y atenderte, y atenderte…
Alfredo enjuga las transparencias que asoman vertiginosas en los ojillos enrojecidos de su pareja y la atrae hacia sí, presintiendo el abandono cariñoso que terminará con la batahola.
Un profundo abrazo sella las paces. Y el beso ansiado por ambos afirma en definitiva las nuevas esperanzas y quizás… anticipa las disculpas y el olvido “transitorio”.
Alfredo desliza con suavidad en los amados oídos una promesa.
Jamás, en el futuro, ningún “asuntito” de tonalidad rubia perturbará lo de ambos. Y agrega por fin.
-“Si hay algo que me enloquece, es que cada vez que arrancas, cada vez, eres más mujer, mi Manuelito”…
Tirso de Molina.
“Se es más fuerte que una mujer cuando se es más mujer que ella”
Claude Larcher
-Está bien, Manu, me equivoqué. Pensé que podías echarlo al olvido con el tiempo…
-Si eso creíste, Alfredo, tu error ha sido muy grueso. Cualquier argumento que esgrimas, no servirá de ninguna manera para convencerme. Y no me detendrás en hacerte escuchar todos los detalles que tengo sobre “ese asuntito” que está perturbando nuestras relaciones y que además se agrava aún más, cuando quieres darme explicaciones que nunca te he pedido y que, cuando más quieres aclarar se enturbia mucho más y que…
-Pero, Manu, te he dicho que reconozco que estuve equivocado y que…solo fue una mirada que duró un segundo…
-“Un segundo, un segundo”. Para mí fue toda una eternidad, una eternidad, una eternidad… Nada de reconocer la equivocación después de todo lo ocurrido…al fin y al cabo yo he sido la parte más perjudicada de los dos, y te crees que así nomás, olvidaré todos los agravios…y me ofendes cuando dices “un segundo nada más”…
-Pero si nunca te he agraviado, Manu, mi amor…
-Nada de “mi amor”, nada de Manu. Ahora, no sé si ya es tarde para poder recomponer nuestros afectos. Lo nuestro, ha resultado una opereta de claudicaciones y ante lo inevitable…siento que tal vez... ya no me quieres…
-Pero, Manu, si aún te quiero… como siempre… como la primera vez…
-No quiero escuchar más tus historias con las cuales quieres convencerme de todo lo contrario que yo pienso y pensaré toda mi sacrificada vida que he tirado a la basura para solo atenderte y atenderte, y atenderte, y atenderte…
Alfredo enjuga las transparencias que asoman vertiginosas en los ojillos enrojecidos de su pareja y la atrae hacia sí, presintiendo el abandono cariñoso que terminará con la batahola.
Un profundo abrazo sella las paces. Y el beso ansiado por ambos afirma en definitiva las nuevas esperanzas y quizás… anticipa las disculpas y el olvido “transitorio”.
Alfredo desliza con suavidad en los amados oídos una promesa.
Jamás, en el futuro, ningún “asuntito” de tonalidad rubia perturbará lo de ambos. Y agrega por fin.
-“Si hay algo que me enloquece, es que cada vez que arrancas, cada vez, eres más mujer, mi Manuelito”…