lunes, 21 de septiembre de 2009

El hombre flaco



Es la hora del informativo y los vecinos no salen de su asombro. En los corrillos de las calles del barrio, cada uno tiene su versión. Hay quiénes lo defienden y otros que lo acusan.

Ven por televisión sus propias caras junto a los sumideros de la esquina, analizando con algún desconocido periodista, sus conclusiones. Arreglan sus perfiles y sus peinados, por las dudas que las cámaras los enfoquen.
El locutor dramatiza: “Parte del cuerpo de la mujer fue encontrado sobre una mesa, con sus manos unidas y clavadas a la madera con un arma blanca de pequeñas dimensiones. El del hombre, a pocos pasos. Ambos sin vida La policía halló un sobre con dinero, una caja con una pequeña perrita y una carta para el hijo de ambos”.
-Siempre sospeché que eso iba a terminar mal. El hombre tuvo paciencia, pero al final...- arriesga una anciana arreglándose las ropas para la filmación.
Las otras vecinas acompañan el comentario y se intercambian detalles.
...
Hoy es día de visita. Su presencia precipita el ritmo de la casa.
El hombre, muy calvo, contenido en su flacura final, alarga su mano huesuda y casualmente la abandona sobre aquella mesa. La bruma que lo rodea se despeja con pereza y lo divisa.
Su hijo de diez años, se dibuja frente a él sin distraerse de la revisada que le hace al regalo recién recibido. Parece no atraerlo el obsequio pero no lo rechaza.
Presiente que cerca de ahí, la madre del pibe atiende otras cosas sin alejarse.
El hombre se escucha a sí mismo tratando de encausar alguna charla. -¿Cómo te va en el colegio?-pregunta al chico.
Éste descubre de reojo los gestos ásperos de su madre, y le contesta en voz baja:
-Todo bien-
-¿Tenés tareas?-indaga el padre.
-Pocas-
-Entonces... podríamos ir hasta la plaza y....
-No-grita la madre- y agrega con dureza: Nunca te lo permitiré, jamás irán.
-Deja que él decida si quiere... Lo tendré bien sujeto de su mano y no habrá peligro de...
-No. Se hace lo que yo digo y vos no tenés ningún derecho. Solo aprovechate de ésta hora que tenés para verlo y eso, no es lo que yo quisiese. Si no hubiese sido decisión de ese juez de mierda que cree que puede obligar a la gente a encontrarse , otra cosa sería. Así que esto se termina ahí. Si lo querés seguir viendo, aquí lo tenés.
¡Aquí lo tenés, aquí lo tenés! y todo le llega como una lejana econía sin voces ni luces. Unas manos muy blancas empapan sus labios con agua y se llevan el sudor de su frente.
Dos cuervos se posan en el quicio de la alta y blanca ventana; se picotean, mientras buscan el alimento que les ofrece la pared ojerosa.
El día se nubla. La mujer avisa que la hora ya termina, que pueden ir despidiéndose.
-No he visto a Luli, la perrita que te traje la semana pasada-
-Mamá la ató a la puerta de calle porque ensuciaba y alguien se la llevó-
El hombre mira con calidez al niño. Ve también a la mujer que parece distraída espiando por la ventana a otros que pasan. La mano flaca de él, está en el mismo lugar donde la había abandonado sobre la mesa. Un impalpable temblor lo estremece. Los dedos del niño rozan los suyos y sería la primera vez, en estos cinco años de visita, que pudiera sentirlos. El hombre ahora, solo ansía ese mínimo roce para escamotearle a esta muerte que sobrelleva, unos centavos de aliento.
Un lejano y postrero reproche le llega: -Y a vos te aviso, la próxima semana él no estará porque tiene una fiestita con sus amigos del colegio. Pero igual tendrás que traerme la mensualidad, sino, será difícil que puedas volver a verlo...
-Vamos nene-dice la madre- que la hora pasó y Robert nos espera para llevarnos al cine.

Otra vez le empapan inútilmente sus labios y se llevan el sudor de su frente.
El hombre flaco, sin tonos, se ha ido sin regresos.
Descubre después de estos cinco años de visita, que detrás de un pequeño vidrio ovalado, su hijo apoya su cara humedecida y sus manos , que se acercarán y se alejarán para siempre.
Es la hora del informativo...

No hay comentarios:

Publicar un comentario