martes, 22 de septiembre de 2009

EL ENCUENTRO

Mi único heredero es el pueblo”
Perón


Esa mañana de invierno de mil novecientos cuarenta y tantos, no predisponía a transitar por las calles de Buenos Aires. El barrio del Abasto, algunos mates y la cercanía de una estufa de kerosén era preferible a caminar por la Plaza.
La invitación había viajado entre sus manos y la releyó una y otra vez, una y otra vez. Al fin se dijo: “Y bueno ché, si él quiere verme, será para algo importante. Y como andan los tiempos no es cuestión de negarse ante un par de botas”.
–Vení, Lepera, y prepará tus orejas que tengo que batirte algo.
...ciudad porteña de mi único querer...(1)
...
Las dos presencias y la solemne compostura, eran la imagen de la seriedad del lugar. A las puertas de la casa Rosada, cuidaban la entrada de curiosos sin misión.
Cuando vieron llegar a la figura, sus corazones latieron al ritmo del dos por cuatro.
Nunca supieron, cómo se mantuvieron firmes y no intentaron abrazarla.
Se quedaron para siempre con la ilusión de algún autógrafo. Cuando pasó entre ellos, el saludo que creyeron escuchar, los emocionó. “ Adiós... muchachos”....mi Buenos Aires querido
cuando yo te vuelva a ver...(2)

Luego desapareció entre los pasillos y ampulosos cortinados de la casa.
Su presencia allí, no había sido fácil de resolver para él. Sus relaciones con los caudillos conservadores de la época y sus canciones desgranadas en muchos de los comités de Balvanera, el bajo Flores, en los cafetines de la Recova o en los prostíbulos del Riachuelo, lo ubicaban en la vereda de enfrente.

...el farolito de la calle en que nací
fue centinela de mis noches de
amor...(3)

Ya estaba ante la puerta del despacho de quién lo había invitado. Lo atendió un secretario, quién sin preámbulos lo condujo ante su jefe.
-Perdón- dijo el Morocho- usted me invitó...
-Qué perdón ni perdón. Vení acá... dame un abrazo. En ésta década del cuarenta no es fácil abrazarme con alguien que está en el alma del pueblo. Vos sabés, Morocho, que por mi formación a veces me resulta un poco difícil... Y de los que me rodean...mejor ni hablar. Creo que el futuro de la Patria está en la sangre de los que andan por las calles, trabajando de sol a sol, y a quienes nadie atiende.

...mi Buenos Aires querida
tierra florida
donde mi vida, terminaré...(4)

-Pienso... como usted, mi Coronel.- alcanzó a balbucear el Morocho pensando que la cosa no estaba para contradecirlo.
-Aquí estoy jefe, usted dirá-
-Te convoqué porque creo que sos un artista en quién puedo confiar, por ahora. Necesito grabar una marchita que tengo dando vueltas por mi cabeza, que va a pasar de padres a hijos y de estos hijos a los suyos. Y ahí sí te veo, Carlitos, eternamente presente en el corazón del pueblo. No sé si vos podés, o querés....
-Sí, quiero mi Coronel. Pero le bato sinceramente, no puedo ni le conviene. Lo veo convencido de sus ideas, pero comprenda, yo tengo las mías y ando de aquí para allá entre los comités, entre los caudillos que quizás con usted....comprenderá y sabrá disculparme.
-Está bien. De ellos me ocuparé después. Pero por lo menos dame una mano, Morocho. Recomendame a alguien, del ambiente, de compañero a compañero...
-Está bien, mi compañero, digo... mi Coronel. Hay un cantante amigo, Hugo, que también es parte del ser popular y lo voy a chamuyar.
Sé como piensa él y le va a gustar la idea.
...en la cortada más maleva una canción
dice su ruego de coraje y de pasión...(5)

-Bueno, Zorzal, te lo acepto, no muy conforme , pero cada uno tiene que sostener sus convicciones y proceder de acuerdo a sus principios. Te agradezco la recomendación y mandame al muchacho.

una promesa
y un suspirar..(6)

-Algo más te voy a pedir, Morocho. Quiero que vengas más seguido a verme. No tengo muchas oportunidades de abrazar a gente del pueblo. Sabés cómo son las cosas de la política. Los gomías, como decís vos, no tienen memoria y así como te ponen arriba de un caballo en algún monumento, de la misma forma te tiran abajo y te escupen. Y no sabés en quién confiar, y menos en ningún compañero desviado que cree ser más que otro y se transforma en un oligarca.
Podés ir Carlitos. Que tengas suerte con tus caudillos.-
Al salir el Morocho de la casa, acomoda con una mano el ala de su sombrero, hace un firulete y promete frente a los granaderos:

...mi Buenos Aires
querido
cuando yo te vuelva a ver
no habrá mas penas
ni olvidos...(7)
...

Un ayudante se planta ante su jefe:-Mi Coronel, hay una Señora que quiere verlo por el asunto del terremoto. Dice llamarse María Eva. Es artista, de las populares, y usted andaba buscando...

...bajo su quieta lucecita yo la vi
a mi pebeta, luminosa como un
sol...(8)
...

El avión ha cruzado el Atlántico y a lo lejos, las candilejas dibujan a Buenos Aires.
El General, en su postrer regreso, rememora aquel encuentro con el Morocho. “Tenía razón cuando me recomendó a Hugo. Qué pena me causó lo del accidente en Medellín. Pronto nos vamos a reencontrar. Estoy regresando, muy cansado. Me siento morir. Deseo escuchar, aunque sea por última vez, la voz del pueblo”.

...mi Buenos Aires querido
cuando yo te vuelva a ver
no habrá más penas ni olvido...(9)


(1 al 9)
“Mi Buenos Aires Querido”
“Letra: Alfredo Lepera
“Música: Carlos Gardel

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